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sábado, 26 de noviembre de 2011

VAS HAPPENIN' BOYS?

Londres, esmeraldas y café.



Era una noche fría de inverno, de esas en las que el viento te corta los labios y el aire es tan helado que te resulta difícil respirar. Las calles estaban vacías, y las casas oscuras; pues todos yacían plácidamente dormidos en sus camas, al calor de las sábanas.
El unico sonido que se podía percibir era el de las hojas al moverse. La ciudad de Londres dormía, y sin embargo yo estaba fuera, congelándome poco a poco en esa noche del 12 de Noviembre que pronto daría paso al 13; el día mas frío de toda mi vida. Pero también; el día más feliz.

Todos os preguntareis el por qué.

El porqué es muy sencillo, el trece era mi quincuagésimo cumpleaños, y me había prometido a mí misma, que este seria el mejor día de mi vida, y que nada, ni nadie me lo iba a estropear.


Así que allí estaba yo, enfrentándome al frío viento del norte; luchando por encontrar un lugar caliente en el poder sentarme y abrir mi último regalo de cumpleaños. Miraba y miraba, no encontraba nada. Todo me parecía de mendigos sin una casa, ni una familia.
Por fin encontré el lugar idóneo para abrirlo. Aquella cafetería de la esquina seguía abierta, pese a que eran las doce de la noche de un domingo normal y corriente.
Cuando me dispuse a entrar encontré la soluciona mi pregunta. Era la antigua cafetería de la Señora Carter. Esa señora abría los trescientos sesenta y cinco días del año las veinticuatro horas del día con tal de ganar dinero. La encantaba el dinero.

Una vez dentro, pedí un capuchino, y un croissant. Esta señora sí que sabía como hacer un perfecto capuchino a las doce de la noche.

Di mi primer sorbo para entrar en calor. Ya empezaba a sentir los dedos, la taza debería estar ardiendo, pero eso a mi no me importaba, mis dedos volvía a su color natral y dejaban atrás ese rosáceo causado por el frío.

Una vez calentadas mis manos y mi garganta; empecé a quitar poco a poco el papel envoltorio de mi regalo, lo hice muy despacio; pues la señora estaba medio dormida, y por lo que decían, no la gustaba que la despertaran. Algunos hasta me dijeron que te echaba de su cafetería. Por lo tanto, cual espía del gobierno quite el papel de mi regalo.

Y poco a poco, el contenido del paquete se hacia ver, lo primero que vi fue un borde color esmeralda, mi preferido; luego una cadena que por el brillo y el tono parecía ser de plata. Una vez que me deshice del envoltorio, abrí la caja cristalina en la que se encontraba mi regalo. Sin asustar a la anciana, abrí la caja. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. Era un colgante con una esmeralda en el medio en forma de lágrima. Detrás de esta había un mensaje grabado. Mientras lo leía una lágrima caía por mi mejilla.
“It’s got to be you, Harry”
Tienes que ser tú, Harry.

No había persona más dulce y más perfecta en este mundo que él.

Por desgracia es este momento estaba a miles y miles de kilómetros de distancia; estaba en casa de sus abuelos; en Irlanda;  más concretamente en Galway, un pequeño pueblo de la región.

El capuchino se quedaba frío. Di mis últimos sorbos acompañados de un poco de aquel exquisito croissant, le dejé a la señora en la mesita done dormía  £ 4, 50 me puse el gorro y la bufanda, perfectamente conjuntados con mi cazadora negra y me enfrenté al frío de la una de la mañana; por suerte ya no había viento y era más agradable andar por la calle.

Ahora ya sólo quedaba la larga y tediosa caminata hacia mi casa. Donde con suerte, todos estarían dormidos y podría entrar por la puerta trasera. Como muchas otras veces ya había hecho.

Me puse los cascos, elegí una canción en mi Ipod y comencé a andar.

Ya casi se había acabado el disco entero de “One Direction” Mi grupo preferido, cuando llegué a la parada de metro que me dejaría cara con cara con mi casa.

Los minutos se hacían eternos esperando en el andén. Pero, finalmente llegó. Me monté, me puse otra vez los cascos, y desconecté.
Mi parada se acercaba, me levanté, me arreglé un poco el vestido, cogí la bufanda y salí.
Ahora tan sólo quedaba la tarea más difícil de todas, entrar a mi propia casa.
Tal y como lo había previsto, todos estaban dormidos, pero desafortunadamente la puerta trasera estaba cerrada a cal y canto.

No todo iba a ser perfecto.
En fin, como pude fui escalando poco a hasta llegar a mi ventana, gracias a dios mi habitación estaba en el segundo piso; y como ya me suponía que iba a tener dificultades dejé la ventana entreabierta.

La cama ya estaba deshecha, puesto que antes de salir de casa estaba durmiendo en mi cama, me había despertado con el sonido del móvil al vibrar, lo que quería decir que acababa de llegar un mensaje, el cual decía;
.-Tiene un paquete en la estación de correos Nº 23 de la calle Oxford Street, le esperamos allí. Estamos abiertos de lunes a viernes las veinticuatro horas del día, venga a recogerlo cuando Usted pueda-.
Así que me vestí, me peiné y salí corriendo hacia allí.

Y aquí había terminado la aventura de la noche, con un paquete, un café y un croissant en mi estomago y unas ganas increíbles de llorar, de alegría claro.
Ahora sólo quedaba dormir, y ver que me sorprendía la mañana siguiente; la mañana de mi cumpleaños.

A las 8:00 sonó el despertador, comenzaba mi día. Aunque, lamentablemente era un lunes.

En cuanto mi hermana pequeña, Christine de seis añitos oyó el despertador, corrió hacia mi habitación a darme un beso y un abrazo enorme, seguido de un Muchas felicidades, dicho de la mejor manera posible, ya que se la habían caído algunos dientes y no podía hablar bien.

Los siguientes en felicitarme fueron mis padres, que me trajeron el desayuno a la cama, acompañado de un regalo y muchos besos.
Parecía que se iba a cumplir lo que tanto había deseado, que este día fuese perfecto.
Me vestí con mis mejores galas, me puse el colgante que me había regalado Harry la noche anterior, cogí la mochila y salí de casa.
Al ir hacia el instituto recibí muchas llamadas, algunos compañeros me felicitaron, y otros muchos que no conocía también.

El día transcurrió con tranquilidad, exceptuando las constantes bromitas de mis compañeros para que los profesores me felicitaran, y que en clase de Música me cantaron el cumpleaños feliz, fue un día normal y corriente.

Pero la gran sorpresa, vendría horas después.

Y no penséis que fue una sorpresa agradable, todo lo contrario.
En cuanto llegué a casa y terminé de comer mi plato preferido, que mi madre había preparado horas antes con todo el cariño del mundo, noté algo extraño.

Algo me faltaba, por mucho que pensaba, no daba con ello.
Pero solo hizo falta un simple gesto para darme cuenta. Cuando me dirigía hacia mi habitación, me vi reflejada en el espejo del pasillo. Y di con lo que buscaba, Aquello que me faltaba no era, ni más ni menos que la esmeralda de Harry.

Me derrumbé, corrí hacia mi habitación y marqué su número. Inmediatamente colgué. ¿Pero que estaba haciendo?
No le podía llamar, seguramente llegaría esta noche y me llamaría para ir a cenar. Y si no llevaba la esmeralda, sospecharía.
Sin pensármelo dos veces llamé a Valentine, mi mejor amiga. Ella sabría que hacer.
-Hola preciosa, ¿Qué tal va tu día de cumpleañera? ¡Muchísimas felicidades!
+Pues iba bien.
-¿Iba? ¿Qué te pasa? Te noto apagada.
+Pues, es que ha pasado algo.

Y la empecé a contar todo, desde la escapada de anoche hasta lo que había sucedió, unos minutos antes en el pasillo.

-Bueno, esto tiene arreglo. Tú busca en tu mochila y por toda la casa, que ahora voy hacia allí y lo arreglamos todo.
+Gracias ahora te veo.
-Adiós mi niña, un “muá”.

En cuanto colgó me puse a buscar el colgante, lo busqué por todas las esquinas, por todos los lados. Pero nada. Cuando estaba apunto de perder la esperanza llamaron al timbre.
Mi corazón no podía later más deprisa, podría ser Valentine, pero también Harry. Por suerte, mi mejor amiga estaba esperando pacientemente a que la abriera.

-¿Qué tal va la búsqueda?
+Mal, pasa.
 Nos distribuimos diferentes lugares de la casa, buscamos entre los cajones, en la basura... Hasta fuimos al garaje. Pero nada.

Cuando ya nos íbamos a dar por vencidas mi móvil empezó a vibrar. Un mensaje de Harry, genial.

“Buenos días princesa, espero que hayas recibido mi regalo y que te haya gustado, en este momento estoy en el tren, llegaré a Londres para la hora de cenar. Te espero a las siete en tu casa. Un beso enorme, te quiero.”
En mis ojos había una tormenta de lágrimas
Valentine me quería matar, pero en vez de hacerlo me dio un abrazo enorme, el cual lo agradecí porque lo necesitaba.

Después de secarme las lágrimas y arreglarme el maquillaje salimos hacia el instituto, quien sabe puede que allí diéramos con la solución a nuestra pregunta.

Fuimos a dirección, allí es donde la gente dejaba objetos que se habían encontrado en las clases, en los pasillos o en el polideportivo.
Pero no tuvimos suerte. No habían encontrado nada, solo tenían un par de calcetines viejos y un libro de matemáticas sin usar aún.

La tarde empezaba a caer, y nos estábamos quedando sin tiempo, pensamos en millones de ideas, excusas incluso llamamos a alguna joyería. Pero no encontrábamos la solución. Todo lo que se nos ocurría era o demasiado ridículo, o demasiado complicado.

Las campanas nos indicaron que eran las cinco y media, no podía hacer más. Debía afrontar lo ocurrido y seguir adelante, así que, fuimos a mi tienda preferida, compramos un vestido para la ocasión con unos zapatos a conjunto y nos fuimos a mi casa.

En el viaje de vuelta cogimos unos cafés, la búsqueda nos había dado hambre.

Nos montamos en el metro, y llegamos a casa.

Nos despedimos con un cálido abrazo y un par de besos de abuela, de esos que suenan. Valentine me deseó suerte y se fue a su casa, que estaba a escasos metros de la mía.

Una vez en casa, me quité la ropa, me di una ducha calentita y me vestí.
Cuando estaba recogiendo la ropa, un destello llamo mi atención.
Al principio no le di importancia, peor ese brillo me resultaba familiar, así que estiré la camiseta, y para mi asombro, aquel destello, era la esmeralda con su respectiva cadena de plata, no me la había enganchado bien, y se me había caído, por dentro de la camiseta, con tanta suerte, que se quedó enganchada en una de las costuras.
No salía de mi asombro.
Corrí a por mi móvil y le mande un "sms" a Valentine con lo ocurrido.
A los pocos segundos me contestó dándome la enhorabuena, y recordándome que eran las seis y media, y que en pocos minutos Harry estaría aquí.

Me puse lo mas guapa que pude, me planché el pelo, me maquillé y me puse el vestido, que era de color esmeralda, como el colgante.

A las siete en punto el timbre sonó, ya solo quedaba pasar un poco de vergüenza ante mis padres y mi hermana, me harían las típicas fotos, y por fin me dejarían ser libre de besos y caricias embarazosas.

Abrieron la puerta, y allí estaba El. Tan perfecto como siempre. Tenía una mano en la espalda, estaría sujetando unas flores, supongo.
El corazón parecía que se me iba salir del pecho.
Con una amplia sonrisa, mientras me daba un ramo de rosas enorme me dijo:

+Muchísimas felicidades princesa.

En definitiva, este había sido el mejor día de mi corta, y estresante vida.



You make me feel like in heaven

Cause you, You are perfect my little monster.

Vosotros os reis de mi por ser diferente.

Yo me río de vosotros porque sois todos iguales.

Seamos felices en esta noche oscura.

martes, 22 de noviembre de 2011

Esa sonrisa que la hace tan perfecta.

Que pena que no pueda ser yo.

La ciudad de nunca jamás.

Escapemonos a un lugar donde nadie nos encuentre, done el idioma sea diferente.
Vayamonos a beber alcohol , a la ciudad donde te puedes bañar en glamour.
Vayamonos a Nueva York tu, y yo.